Docentes, desigualdad y algoritmos: las preguntas que marcarán la educación del futuro

19 de Diciembre de 2025
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WISE 12, la cumbre global de innovación educativa celebrada en Doha, reunió a expertos de más de 100 países para debatir cómo integrar la IA sin perder la dimensión humana del aprendizaje

Por Nacho Meneses | Doha (Qatar) | 5 de diciembre 2025

El avance acelerado de la inteligencia artificial ha obligado a replantear qué significa educar, evaluar y acompañar en un mundo donde la tecnología interviene ya en casi todos los procesos de aprendizaje. Esa tensión —entre innovación y valores humanos, entre oportunidad y riesgo— fue el hilo que guió muchos de los debates planteados en WISE 12, la cumbre internacional celebrada en Doha (Catar) los pasados 24 y 25 de noviembre y que reunió a más de 4.000 participantes y 200 ponentes de más de un centenar de países. Bajo el lema Humanity.io: Human Values at the Heart of Education, el encuentro no solo buscó exhibir tendencias, sino abordar cuestiones que ya se están discutiendo en centros escolares, universidades y organizaciones educativas de todo el mundo.

Aunque el encuentro se articuló en torno a un marco amplio (bienestar, equidad, innovación pedagógica, alianzas y resiliencia), el protagonismo real estuvo en las preguntas que compartieron docentes, investigadores y responsables educativos: cómo integrar la IA sin diluir la dimensión humana de la educación, cómo reforzar al profesorado y cómo garantizar la equidad incluso en sistemas profundamente desiguales.

A partir de ahí, proyectos, investigaciones y testimonios —incluidos los finalistas del WISE Prize for Education— aportaron ejemplos concretos que ayudan a entender hacia dónde puede moverse la educación en los próximos años y qué tipo de decisiones marcarán esa transformación.

Reforzar a quienes enseñan: el desafío compartido en tiempos de IA

La formación del profesorado se reveló como uno de los puntos de tensión más evidentes en WISE 12: en un ecosistema donde la IA promete acelerar procesos y personalizar el aprendizaje, los sistemas educativos siguen dependiendo de docentes que trabajan bajo condiciones desiguales, con poco tiempo y escasos apoyos. Un cruce entre urgencia y oportunidad que se percibe nítidamente en AprendoLAB, una de las iniciativas desarrolladas por la Fundación REimagina y finalista del WISE Prize for Education, y que nació para acompañar a los docentes de América Latina en su desarrollo profesional tras el colapso educativo de la pandemia.

“La tecnología solo tiene sentido si ayuda al docente a recuperar tiempo, criterio y comunidad”, explica su fundadora, Ana María Raad. Una afirmación que conecta con la preocupación compartida por muchos participantes de la cumbre: sin un profesorado formado adecuadamente, la IA corre el riesgo de convertirse en un parche más que en una herramienta transformadora.

AprendoLAB trabaja con redes educativas de distintos países para impulsar metodologías activas y dotar a los docentes de herramientas que mejoren la planificación, faciliten la evaluación y, cuando es útil, integren sistemas de IA que permitan personalizar rutas formativas.

La iniciativa se desarrolla junto a 80 organizaciones de siete países —México, Argentina, Ecuador, Chile, Paraguay, España y Uruguay—, una red que le permite conectar prácticas reales de aula con modelos de formación docente escalables y sostenibles. Su foco está en las prácticas concretas del aula y no en promesas abstractas de innovación, un enfoque que dialogó con la idea central de WISE 12: la tecnología puede ser un acelerador, pero solo tiene impacto real cuando responde a necesidades humanas identificadas y sostenibles en el tiempo.

El filtro que separa la innovación del ruido

En un ecosistema saturado de soluciones educativas que prometen transformar la enseñanza, distinguir el impacto real del simple entusiasmo tecnológico se ha convertido en una necesidad urgente. Y esa es precisamente la función que cumple el WISE Prize for Education a la innovación educativa: actuar como un filtro que permita identificar qué modelos tienen el potencial de cambiar sistemas completos. “Si un proyecto no dialoga con Gobiernos, centros y actores locales, su impacto es inevitablemente frágil”, afirma Aurelio Amaral, director de programas de WISE.

La afirmación ilumina un debate que atraviesa buena parte del sector: qué significa innovar cuando la educación funciona en ciclos largos, pero las soluciones tecnológicas aparecen y desaparecen al ritmo del mercado. Amaral lo formula sin rodeos: “La innovación no puede depender del entusiasmo del momento; tiene que sostenerse en estructuras capaces de mantenerse cuando cambia la Administración”. Es decir, no es una cuestión estética ni tecnológica, sino sistémica.

Los proyectos reconocidos este año reflejan con claridad ese criterio. El primer premio, dotado con 500.000 dólares, recayó en TUMO, un modelo armenio que combina tecnología, creatividad y acompañamiento para que adolescentes desarrollen competencias digitales avanzadas. El segundo premio, de 300.000 dólares, fue para Iqrali, una iniciativa jordana que refuerza la alfabetización en árabe mediante prácticas de lectura acompañada y herramientas digitales. Y el tercer premio, con 200.000 dólares, lo obtuvo Darsel, un chatbot educativo jordano que utiliza la IA para ofrecer prácticas personalizadas de matemáticas a través de SMS, WhatsApp o Messenger, una fórmula pensada para que el aprendizaje sea accesible incluso en contextos con recursos o conectividad muy limitados.

Además de un respaldo económico de 125.000 dólares, todos los finalistas participaron durante un año en un proceso de acompañamiento y mentorización por parte de WISE, destinado a fortalecer sus modelos y evaluar su capacidad de escalar en sistemas educativos reales. Un trabajo previo que formó parte del propio proceso de selección de los premiados.

Más allá de sus diferencias, todas estas propuestas comparten un rasgo esencial: están concebidas para integrarse en los sistemas educativos y transformarlos desde dentro, y no para operar como soluciones aisladas. Forman parte de alianzas con escuelas, Administraciones públicas o redes comunitarias y están diseñadas para escalar sin perder coherencia pedagógica. En un momento en el que la IA genera promesas más rápido de lo que los sistemas pueden asumir, este enfoque se ha convertido en uno de los criterios que permiten distinguir lo sostenible de lo efímero.

El valor de esa mirada es claro: el reto de los próximos años no será elegir la herramienta más brillante, sino la que pueda sostener a docentes y estudiantes allí donde las dificultades son mayores. Por eso iniciativas como el WISE Prize for Education funcionan menos como un galardón y más como una guía para identificar qué innovaciones tienen capacidad real de transformar un sistema educativo.

La universidad frente a la IA: evaluación, competencias y una urgencia compartida

Pocas áreas están experimentando de forma tan directa la irrupción de la IA como la educación superior. Para comprender la dimensión de ese cambio, siete universidades de distintos continentes —entre ellas la Universidad Camilo José Cela, única representante española— crearon el Consorcio Global sobre Inteligencia Artificial y Educación Superior para el Desarrollo de la Fuerza Laboral (Global Consortium on Artificial Intelligence and Higher Education for Workforce Development), impulsado en el marco de WISE. Una alianza que nació con la intención de analizar cómo la IA está transformando las competencias profesionales, qué efectos reales tiene en la enseñanza universitaria y qué políticas pueden ayudar a integrarla sin debilitar la misión formativa de las instituciones.

El grupo parte de una premisa común: la IA no solo introduce nuevas herramientas, sino que obliga a replantear cómo se aprende en la universidad y qué tipo de pensamiento se quiere desarrollar. Y una de las mayores tensiones aparece en la evaluación, convertida en un terreno cada vez más vulnerable a la automatización: “Si la planificación docente se apoya en IA, el alumno responde con IA y la corrección se automatiza, corremos el riesgo de convertir la educación en un diálogo entre máquinas”, advierte Nieves Segovia, presidenta del Grupo Educativo SEK. Su reflexión apunta a una necesidad inmediata: elevar la exigencia cognitiva de las tareas, reforzar la metacognición y proteger los espacios de interacción donde la tecnología no puede sustituir la reflexión profunda ni la relación pedagógica.

Si la planificación docente se apoya en IA, el alumno responde con IA y la corrección se automatiza, corremos el riesgo de convertir la educación en un diálogo entre máquinas.Nieves Segovia, presidenta del Grupo Educativo SEK

Las conclusiones de esta colaboración internacional refuerzan ese diagnóstico. El estudio comparado muestra que el uso real de la IA en la universidad sigue un patrón claro: “El profesorado está utilizando la IA sobre todo para planificar, diseñar rúbricas o gestionar tareas administrativas, mientras que el alumnado la incorpora como un tutor de apoyo para el estudio, corregir sus propias actividades o hacerse preguntas sobre el examen o lo que el profesor va a explicar el día siguiente en clase”, explica Natalia Lara, investigadora de la Universidad Camilo José Cela.

A lo largo de su investigación, percibieron también la preocupación de los estudiantes sobre cómo hacer un buen uso de esta herramienta. “Están muy preocupados por hasta qué punto saben cribar la información que les está proporcionando la IA (…). Es decir, tienen acceso a mucha información pero dudan de si acaso están recayendo demasiado en la IA o tienen algún déficit cognitivo porque confía demasiado en lo que se me da”, añade.

El trabajo desarrollado por estas siete instituciones identifica además un segundo nivel de implicaciones, porque la IA está reconfigurando el desarrollo de competencias profesionales. Ya no se trata solo de manejar modelos generativos, sino de comprender cómo influyen en la toma de decisiones y en habilidades como el pensamiento crítico, la creatividad o el trabajo colaborativo. La creatividad aparece, de hecho, como una inquietud creciente entre los estudiantes, que perciben que la IA puede tensionar su capacidad para producir ideas propias. A ello se suma la empleabilidad, un ámbito en el que la IA abre oportunidades, pero también incertidumbre y nuevas exigencias formativas. “Lo que necesita un estudiante no varía tanto en contextos geográficos distintos; lo que cambia son los accesos a recursos”, recuerda Amaral.

La perspectiva de Segovia añade un matiz institucional necesario. Más allá de los cambios pedagógicos, insiste en que España necesita un marco común que evite que cada universidad avance por su cuenta y permita abordar de forma coordinada retos como la empleabilidad y la desaparición de trabajos iniciales. “¿Cómo queremos que sea la educación en España? ¿Cómo promovemos la empleabilidad?”, plantea, antes de subrayar que la IA está acelerando la desaparición de los puestos más juniors. Sus palabras apuntan a un consenso creciente: la educación superior no puede limitarse a incorporar herramientas, sino que debe revisar cómo evalúa, qué competencias prioriza y cómo acompaña a estudiantes y docentes en un escenario marcado por la incertidumbre.

Más allá de la tecnología: bienestar, equidad y la fuerza de las alianzas

Uno de los mensajes que atravesó WISE 12 fue que ninguna innovación —ni siquiera la inteligencia artificial— puede sostenerse si no existe un entorno educativo capaz de garantizar bienestar, equidad y apoyo a quienes habitan las aulas. Esa mirada recae con especial peso en contextos de alta desigualdad, donde las brechas estructurales condicionan cualquier avance.

Es el terreno en el que trabaja la Fundación REimagina, con presencia en varios países de América Latina, y desde el cual surge una reflexión que marcó también su paso por Doha: la transformación educativa no empieza en la tecnología, sino en las personas y en las alianzas que permiten que los cambios sean duraderos. Más que promover reformas de arriba abajo, la fundación impulsa cambios sistémicos desde la práctica: trabaja en territorio con docentes, directivos y comunidades para democratizar la innovación educativa y hacerla accesible incluso en entornos con escasos recursos.

Para Raad, fundadora de REimagina, el gran desafío no está en diseñar soluciones, sino en lograr que esas soluciones funcionen en realidades complejas: “Las políticas suelen ser muy generales, pero la implementación es donde se caen las cosas”, señala. Su diagnóstico parte de un principio sencillo: los sistemas educativos latinoamericanos —como muchos otros en el mundo— están sometidos a tensiones acumuladas, desde la falta de recursos hasta la sobrecarga docente o la discontinuidad institucional. Ninguna innovación, por prometedora que sea, puede prosperar si no reconoce esas condiciones de partida.

El trabajo de REimagina se centra precisamente en ese punto: acompañar a docentes, directores y redes educativas para fortalecer capacidades, generar prácticas sostenibles y construir comunidades de aprendizaje que permitan afrontar las desigualdades de origen. A diferencia de modelos basados únicamente en la digitalización o en el diseño curricular, la fundación opera desde una lógica sistémica y de alianzas con gobiernos, ONG y organizaciones multilaterales. Esa estrategia le ha permitido impulsar programas en varios países latinoamericanos, incluidos aquellos con mayores vulnerabilidades socioeducativas.

WISE 12 insistió en que la equidad y el bienestar no son complementos de la innovación, sino condiciones para que esta tenga impacto. En ese sentido, el enfoque de REimagina dialoga directamente con los ejes de la cumbre: resiliencia comunitaria, alianzas para el cambio educativo y fortalecimiento de la profesión docente. Raad lo expresa con claridad cuando subraya que los docentes necesitan apoyo continuado, tiempo y redes que sostengan su trabajo diario. “Si no cuidamos a quienes cuidan, nada cambia”, afirma. Y es precisamente esa atención al ecosistema —y no solo a la herramienta— la que permite que programas como AprendoLAB se integren en prácticas reales de aula y no en discursos aislados.

La experiencia latinoamericana aporta, además, una lección relevante para el debate global: las innovaciones no pueden pensarse fuera de los territorios donde se aplican. Cada país, cada comunidad y cada escuela parten de condiciones distintas, y cualquier intento de transformar la educación debe escuchar primero esas voces. WISE 12 recuperó este enfoque —el de poner los valores humanos en el centro— como un principio estructural. La contribución de organizaciones como REimagina ayuda a recordar que la tecnología puede acelerar procesos, pero solo la cohesión social y las alianzas sostenidas permiten que la innovación llegue a quienes más la necesitan.

En un panorama donde la IA monopoliza titulares, WISE 12 recordó que la transformación educativa no depende de la tecnología, sino de la capacidad de las comunidades para sostener el vínculo humano, acompañar al profesorado y construir alianzas estables. Como resume Raad, “los sistemas no se transforman con soluciones aisladas, sino con acuerdos amplios que reconozcan la complejidad del trabajo docente”. Ese es el verdadero mensaje que dejó Doha: la innovación tendrá impacto solo si se apoya en decisiones institucionales, pedagógicas y políticas que protejan lo que hace valiosa a la educación y garanticen que los avances lleguen también a quienes menos tienen.

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Nos reunimos con organizaciones de Efecto Colectivo para reflexionar sobre el rol de la sociedad civil en el desarrollo de habilidades amplias

20 de Noviembre de 2025
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Reimagina llevó a cabo el taller “El rol de la sociedad civil en el desarrollo de habilidades amplias”, un espacio de reflexión y co-construcción junto a organizaciones que forman parte de nuestra red. La actividad se realizó en el marco de los hallazgos del estudio Breadth of Skills (Habilidades Amplias), desarrollado en colaboración con la red NEST de Brookings Institution, el cual evidencia una brecha importante entre lo que la política pública declara respecto a las habilidades amplias y lo que realmente ocurre en las salas de clases.

La sociedad civil como actor clave en el desarrollo de habilidades del siglo XXI

Entre los principales hallazgos del estudio destaca el rol fundamental que las políticas educativas asignan a las organizaciones de la sociedad civil para promover habilidades como el pensamiento crítico, la colaboración, la creatividad y la alfabetización digital. Este reconocimiento dialoga directamente con el propósito de #EfectoColectivo: impulsar aprendizajes más amplios, pertinentes y significativos mediante iniciativas innovadoras surgidas desde los territorios.

Un espacio de trabajo colaborativo

Durante el taller, las organizaciones participantes trabajaron en mesas colaborativas para profundizar en tres grandes ejes:

Estos intercambios permitieron visibilizar experiencias, desafíos y propuestas concretas desde múltiples territorios, reforzando la importancia de generar espacios de articulación entre actores diversos del sistema educativo.

Hacia un policy brief para orientar la política pública

El proceso desarrollado en el taller alimentará la elaboración de un policy brief que sistematizará los hallazgos, recomendaciones y propuestas surgidas del trabajo colectivo. Su objetivo será contribuir a una política educativa que reconozca, potencie y sostenga el aporte de la sociedad civil en el desarrollo de todas las habilidades para todos los niños, niñas y adolescentes del país.

Con iniciativas como esta, Reimagina reafirma su compromiso con la construcción de un ecosistema educativo más colaborativo, pertinente y orientado al desarrollo integral de las y los estudiantes.

Presentamos los resultados del estudio “Habilidades amplias: de la política educativa a la sala de clase” a equipos multidisciplinarios del Ministerio de Educación

19 de Noviembre de 2025
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En el marco de nuestra colaboración con la red NEST del Brookings Institution, Fundación Reimagina desarrolló el estudio “Habilidades amplias: de la política educativa a la sala de clase”, una investigación que busca comprender cómo se están promoviendo y desarrollando las habilidades del siglo XXI en Chile, y cuánto se alinean la política pública, las escuelas y los docentes en este propósito.

Durante las últimas semanas compartimos los principales resultados con equipos multidisciplinarios del Ministerio de Educación, en una instancia de diálogo que permitió no solo presentar los hallazgos, sino también recibir valiosa retroalimentación para continuar profundizando esta conversación. El objetivo: avanzar hacia una política educativa que sitúe las habilidades amplias en el centro de los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Principales hallazgos

El estudio evidencia que, si bien existe consenso respecto a la importancia de estas habilidades —como el pensamiento crítico, la creatividad, la colaboración y la comunicación— su desarrollo sigue siendo fragmentado y desigual entre los distintos niveles del sistema educativo. La brecha entre lo que propone la política, lo que ocurre en los establecimientos y lo que logran implementar los docentes continúa siendo un desafío.

Hoy, la tarea es transformar la evidencia en acción: avanzar hacia un sistema educativo que forme niñas, niños y jóvenes capaces de adaptarse, convivir, innovar y transformar su entorno en un mundo cambiante.Lee aquí el reporte completo.

Efecto Colectivo Norte impulsa nuevas alianzas para transformar la educación con el poder de un ecosistema de soluciones

10 de Octubre de 2025
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La iniciativa, impulsada por Fundación Reimagina con el apoyo de BHP Foundation, reconoció tres proyectos que están mejorando aprendizajes en Lenguaje y Matemáticas y fortaleciendo habilidades del siglo XXI.

Por Fernanda Guajardo Sepúlveda, El Mercurio, 9 de octubre de 2025

Con una ceremonia realizada en el auditorio de Fundación Telefónica, Efecto Colectivo Norte celebró la expansión de su modelo de innovación educativa hacia las regiones del norte del país. La iniciativa —liderada por Fundación Reimagina, con el apoyo de BHP Foundation y el patrocinio del Ministerio de Educación y la Unesco— distinguió a tres proyectos ganadores y a un grupo de finalistas que, desde distintas regiones, están generando impacto real en la educación pública chilena. El fondo, que financia y fortalece a organizaciones con innovaciones efectivas y escalables, busca mejorar los aprendizajes en Lenguaje y Matemáticas y promover el desarrollo de habilidades del siglo XXI, como la creatividad, la colaboración, la comunicación y el pensamiento crítico. Todo lo anterior, generando ecosistemas de innovaciones educativas que se potencian entre sí para multiplicar su impacto desde una mirada local. En su primer año de ejecución, Efecto Colectivo ya ha beneficiado a más de 26.000 estudiantes, 1.243 docentes y 266 directivos, además de articular 21alianzas activas entre instituciones públicas, privadas y académicas a lo largo del país. Durante la ceremonia, la directora ejecutiva de Fundación Reimagina, Ana María Raad, subrayó que esta nueva etapa representa “un paso clave para fortalecer las capacidades locales y reducir las brechas que aún persisten en regiones como Atacama y Tarapacá”. Según explicó, los resultados educativos en el norte del país “siguen por debajo del promedio nacional, y eso exige modelos más contextualizados, que consideren la identidad, los saberes y la realidad de cada comunidad educativa”.

El director de Educación Pública, Rodrigo Egaña, coincidió en la importancia de la articulación entre sectores. “La mejora en la tarea educativa debe ser un compromiso colectivo, no sólo de los que estamos formalmente integrados al sistema, sino también de todos los que pueden aportar. Este fondo representa un gran paso en esa dirección”, afirmó, destacando el valor de la alianza públicoprivada que sostiene la iniciativa.

En representación del mundo empresarial, la presidenta de Sofofa, Rosario Navarro, valoró la capacidad del programa para reunir actores diversos con un propósito común: “La conexión entre la sociedad civil, el Estado y el mundo empresarial puede convertirse en una verdadera fuerza transformadora”, dijo, resaltando que Efecto Colectivo demuestra que “cuando se articulan voluntades, los resultados se sienten en los territorios”. La convocatoria de Efecto Colectivo Norte reunió a más de 50 postulaciones provenientes de distintas regiones y, tras una rigurosa selección, seleccionó tres iniciativas ganadoras y cinco finalistas que ya comenzaron a trabajar junto a servicios locales de educación pública (SLEP) y comunidades escolares de Atacama, Tarapacá, Antofagasta y Arica-Parinacota. Todas comparten un enfoque basado en la evidencia, la colaboración territorial y sostenibles de mejora en busca de modelos sostenibles de mejora educativa, que son los rasgos distintivos de este proyecto.

El evento contó con la participación de representantes del Ministerio de Educación, Fundación Chile, Unesco, y de los equipos de los SLEP, quienes destacaron la importancia de consolidar una comunidad educativa que aprenda colectivamente y que impulse la innovación desde el aula hacia el sistema. Desde BHP Foundation, su directora en Chile, Alejandra Garcés, reafirmó este compromiso, señalando que “el enfoque colaborativo que define a Efecto Colectivo ha sido fundamental para amplificar su impacto y fortalecer a las organizaciones que participan, especialmente en regiones donde los desafíos educativos son mayores”.

La jornada incluyó la proyección de los avances del programa y los resultados obtenidos desde su primera versión, iniciada en 2024, y concluyó con la entrega de reconocimientos a los equipos ganadores y finalistas, quienes recibieron piezas elaboradas por artesanos inspirados en la cultura diaguita, símbolo del vínculo entre identidad, arte y educación. Al cierre, Raad enfatizó el propósito central del programa: generar evidencia sobre cómo la colaboración territorial puede fortalecer la educación pública. “Si queremos lograr cambios sistémicos, requerimos impactos medibles y con evidencia”, señaló.

Ana María Raad: “Se necesitan más espacios donde el Estado, la sociedad civil y los territorios se reconozcan como parte de un mismo proyecto”

A un año y medio del lanzamiento de la primera versión del fondo Efecto Colectivo, su directora y fundadora, Ana María Raad, reflexiona sobre los resultados alcanzados y la expansión del programa hacia el norte del país. La iniciativa, impulsada por Fundación Reimagina junto a BHP Foundation y con el apoyo del Ministerio de Educación y la Unesco, ha logrado instalar una red de colaboración entre el Estado, la sociedad civil y la academia, que hoy trabaja por fortalecer el aprendizaje en la educación pública chilena.

Raad explica que los impactos se han manifestado en tres niveles. “Uno, por cierto, es en escalamiento y cobertura, o sea, llegar realmente a establecimientos públicos en zonas donde más se necesita la innovación. Un segundo nivel de impacto es cómo estos proyectos están informando y relacionándose con los servicios locales de educación, lo cual para la política educativa en Chile es muy importante. Y un tercer nivel es el impacto en la sociedad civil: hoy día es una sociedad civil que no compite, sino que colabora”, afirma. La directora destaca que esta transformación cultural es uno de los logros más relevantes del programa. “Efecto Colectivo es un aporte a la educación en términos de resultados de aprendizaje, pero también en cómo entendemos la educación como un desafío más global, de organizaciones, sostenedores y, en este caso, de los financistas”, señala.

Consultada por el trabajo de los proyectos ganadores del ciclo anterior, Raad comenta que la mayoría ha logrado replicar sus experiencias con éxito. “Hay proyectos que están replicando iniciativas que ya habían probado antes, y entonces los vemos súper positivos porque la hipótesis que teníamos —de que si funcionaba acá podía funcionar en otra región— está pasando. Pero algo aún más interesante es ver cómo estos proyectos se están asociando con otras organizaciones para escalar”, acota. Ejemplos de esa colaboración se observan en experiencias como Puentes Educativos, que trabaja en Llanquihue junto a otras dos organizaciones, o Teatro en la Educación (TELE), que se unió a las fundaciones La Balanza y Astoreca para expandir su metodología hacia Magallanes. “Los vemos muy arraigados al territorio, con mucho conocimiento local y capacidad de impactar en los servicios locales. En verdad, tener este tipo de innovaciones que no aparecen desde arriba hacia abajo, sino que nacen desde los territorios, es lo que estamos viendo”, enfatiza Raad.

Sobre la reciente convocatoria centrada en la zona norte, Raad resalta además la calidad de las organizaciones seleccionadas. “Todos los finalistas, los ocho, son de un nivel realmente excepcional para Chile. Tenemos que premiar a tres, pero esas ocho pueden estar muy listas para que otros inversionistas las apoyen o que otros servicios locales las adopten. Eso es lo bonito de esta premiación: no ver solo a los tres que pasaron al fondo, sino a todos los que quedaron, porque tienen un muy buen nivel”, asegura. Para ella, el verdadero desafío está en consolidar este ecosistema de aprendizaje colaborativo. “La educación pública necesita más espacios donde el Estado, la sociedad civil y los territorios se reconozcan como parte de un mismo proyecto. Cuando eso ocurre, los resultados empiezan a verse no solo en los indicadores, sino también en la confianza que vuelve a construirse entre las escuelas y sus comunidades”, concluye.

Fortalezas del Carácter Astoreca en la Patagonia “Lo que hacemos es entregar herramientas, acompañamiento y una metodología que permite que los colegios integren el trabajo con las fortalezas del carácter en su día a día, de manera transversal, en la sala de clases y en la gestión escolar. (…) Los colegios siguen trabajando el tema con sus equipos, incluso después de terminado el acompañamiento”. MATÍAS MOLLER Jefe de formación Fundación Astoreca.

NEST presenta hallazgos iniciales sobre la transformación de los sistemas educativos en el Sur Global

25 de Septiembre de 2025
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El pasado miércoles 24 de septiembre, en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas 2025 en Nueva York, la Red para la Transformación de los Sistemas Educativos (NEST, por sus siglas en inglés) presentó los resultados iniciales de su investigación sobre cómo los sistemas educativos pueden preparar mejor a niños, niñas y jóvenes para enfrentar los desafíos actuales y futuros.

Durante dos años, NEST —una coalición de organizaciones de la sociedad civil del Sur Global junto con el Centro para la Educación Universal de Brookings Institution— ha trabajado en diez países (India, Pakistán, Jordania, Kenia, Malawi, Ghana, Sudáfrica, Chile, Perú y México) para responder a una pregunta central:

¿Qué tan bien están creando los sistemas educativos oportunidades para que los estudiantes aprendan lo que realmente importa?

Una red con mirada global y raíces locales

NEST se lanzó oficialmente en enero de 2024 en Kenia y hoy reúne a 11 organizaciones de África, América Latina, Medio Oriente y Asia del Sur, junto con Brookings. Su misión es catalizar cambios sistémicos que permitan a cada estudiante desarrollar no solo competencias básicas, sino también un conjunto más amplio de habilidades: pensamiento crítico y creativo, resiliencia, colaboración, bienestar socioemocional y capacidad de actuar como agentes de cambio en sus comunidades.

En palabras de Valeria Duarte, coordinadora de investigación de Enseña Perú, “si la mayoría de los niños del mundo vive en el Sur Global, entonces es allí donde deben surgir las soluciones. Esta no es solo una cuestión de representación, sino de descolonizar el discurso educativo y construir desde el conocimiento y la práctica de nuestras propias comunidades”.

Los primeros análisis de NEST revelan seis condiciones globales necesarias para avanzar hacia la transformación educativa:

  1. El contexto es un factor clave en la transformación educativa: los factores económicos, demográficos, políticos y territoriales definen qué cambios son posibles y sostenibles.
  2. Fortalecer la voz de las comunidades para que la transformación sea sostenible: docentes, familias, estudiantes y grupos marginados deben ser escuchados y participar en la toma de decisiones. El sistema educativo se beneficia cuando todos los actores clave de ese sistema en particular, incluidos los del ámbito comunitario, desempeñan un papel fundamental en su transformación.
  3. Construir compromiso entre los ecosistemas, no solo entre las organizaciones: no basta con políticas en papel; se requiere colaboración real y sostenida entre actores diversos, para generar un compromiso amplio en todos los ecosistemas, no solo dentro de las instituciones. Por lo tanto, esto debe ir más allá de las políticas escritas y traducirse en acciones por parte de nuestros gobiernos.
  4. Recursos financieros estables para hacer viable el compromiso: sin inversión clara y suficiente, las reformas no se concretan. no basta con tener una política sobre la mesa. Si esas políticas no están bien financiadas, ese compromiso no significará nada. Por lo tanto, el verdadero compromiso solo se evalúa cuando vemos que se asignan recursos en la implementación de las políticas educativas. Necesitamos asegurarnos de que nuestras escuelas cuenten con suficiente infraestructura y materiales de enseñanza y aprendizaje, y de que los gobiernos cumplan con sus compromisos.
  5. Flexibilidad y colaboración: las alianzas entre gobiernos, sociedad civil y organismos internacionales son clave para construir sistemas más resilientes. necesitamos desarrollar flexibilidad y una mentalidad complementaria para la resiliencia del sistema.
  6. Invertir en coordinación efectiva: la transformación requiere articular ministerios, instituciones y comunidades hacia un propósito común. Esta coordinación debe verse dentro de los ministerios de educación, los diferentes subsectores, los diferentes ministerios, incluyendo los que tienen que ver con las finanzas.

Próximos pasos

Durante el encuentro se anunciaron los primeros tres informes de la serie “Learning What Matters”, correspondientes a Jordania, Kenia y México. En octubre se publicarán los de India, Perú, Sudáfrica y un reporte de síntesis, mientras que en noviembre se sumarán Chile, Ghana, Malawi y Pakistán.

Ana María Raad, presidenta de Fundación Reimagina, participó en el panel representando a América Latina junto con organizaciones de México y Perú. En su intervención destacó la importancia de la confianza y el trabajo colaborativo como base de los compromisos educativos en la región.

Fundación Reimagina participa en seminario “Buenas prácticas en educación digital: educación STEM/STEAM”

11 de Septiembre de 2025
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Fundación reimagina estuvo presente en una nueva edición del seminario virtual de la serie Buenas Prácticas en Educación Digital de las Américas, organizado por la Organización de Estados Americanos (OEA) y ProFuturo, en el marco del Mapeo de Buenas Prácticas en Educación Digital. En esta ocasión, el tema central fue la educación STEM/STEAM, un enfoque que integra ciencia, tecnología, ingeniería, matemáticas y, en algunos casos, arte, para transformar las experiencias de aprendizaje en toda la región.

El encuentro fue moderado por Ana Raad, fundadora de Fundación Reimagina y miembro del comité evaluador del mapeo desde su primera edición, quien guió un diálogo con docentes y representantes de prácticas educativas seleccionadas por su innovación y capacidad de generar impacto en distintos contextos.

Durante la jornada se dieron a conocer experiencias de Costa Rica y Colombia que muestran cómo el enfoque STEM/STEAM se adapta a distintos entornos educativos y logra abrir oportunidades para estudiantes en contextos diversos.

Costa Rica presentó el trabajo de su Centro de Innovación e Investigación para el Aprendizaje, donde docentes han logrado integrar STEM en la enseñanza primaria desde 2017. A través de metodologías activas, planificación colaborativa y el diseño de talleres contextualizados, han convertido un simple auditorio en un laboratorio vivo donde niñas y niños exploran la ciencia y la tecnología desde los primeros años escolares.

Desde la ruralidad en Colombia, la experiencia STEAM sin barreras mostró cómo una docente en aula multigrado utiliza proyectos y pensamiento computacional para que estudiantes de distintos niveles aprendan juntos, sin exclusiones. La propuesta rompe con las brechas propias de la ruralidad al dar a cada estudiante un rol significativo en el proceso, potenciando empatía, colaboración y creatividad.

También desde Colombia, conocimos la iniciativa Círculos de Aprendizaje, que combina el enfoque STEM con una metodología inspirada en el método socrático. Allí, los estudiantes aprenden ciencia, robótica y pensamiento computacional a partir de preguntas, dilemas y retos abiertos, donde lo más importante no es la respuesta final, sino el proceso de diálogo, reflexión y construcción colectiva.

Inclusión y accesibilidad como ejes centrales

El seminario también destacó la práctica del Kit Táctil de Programación Básica para Ciegos, desarrollada en Chile, que permite a estudiantes con discapacidad visual aprender a programar sin depender de pantallas. Este ejemplo nos recuerda que la educación digital no solo debe ser innovadora, sino también inclusiva y accesible para todos y todas.

Nuestro compromiso

Desde Fundación Reimagina, creemos que estas experiencias muestran cómo la educación STEM/STEAM puede ser una herramienta poderosa para reducir brechas, potenciar la creatividad y fortalecer habilidades del siglo XXI en América Latina. Participar en estos espacios nos reafirma la importancia de visibilizar y apoyar a docentes y comunidades educativas que, con pocos recursos pero con gran compromiso, están transformando la forma en que se enseña y se aprende.

La educación STEM/STEAM no sólo aborda contenidos, sino que busca despertar la curiosidad, fomentar la colaboración y construir una educación más equitativa e inclusiva para las nuevas generaciones.

“El impacto de no estar comprometido con el colegio es más fuerte para la generación actual”

18 de Agosto de 2025
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El Mercurio, 18 de agosto de 2025
Rebecca Winthrop, directora del Centro para la Educación de Brookings Institution, de visita en Chile.

La especialista, que formó parte de comités educativos de Obama y se ha dedicado a estudiar la falta de motivación estudiantil, cree que el entusiasmo por aprender permite resolver mejor los problemas, ser más creativo y saber trabajar en equipo, habilidades que se consideran claves en el siglo 21.

Mientras que el 75% de los estudiantes de educación básica en Estados Unidos se muestran comprometidos con su aprendizaje, en enseñanza media la cifra baja y solo alcanza al 25%. “Esa estadística nace a partir de una pregunta que hicimos en una de nuestras investigaciones, donde se les consultó a los niños si amaban o no su colegio”, comenta Rebecca Winthrop, especialista en educación global, doctora en Educación (U. de Columbia) y directora del Centro para la Educación de Brookings Institution, reconocido como uno de los think tanks más citados del mundo. Aunque se trata de cifras particulares para su país, la especialista —quien formó parte de comités educativos creados por Barack Obama y fue seleccionada por BanKi Moon para desarrollar la base de lo que después serían los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas— cree que los datos se relacionan con Chile, país que visitó hace unos días, en el marco de las actividades por la celebración de los cinco años de Fundación Reimagina.

“En EE.UU. hay tres grandes problemas a nivel estudiantil: el ausentismo crónico, existiendo niños que no asisten a la escuela regularmente y en especial durante la adolescencia; el bajo rendimiento académico, que se vio afectado durante la crisis de covid-19 y no ha mostrado mayor mejora; y la salud mental adolescente. Al hablar con especialistas de Chile, supe que estos problemas también están presentes aquí”.

Sin importar si es en Chile o más al norte, los estudios de Winthrop coinciden en una cosa. “En el fondo, hay un problema subyacente fundamental, que es la baja motivación y el bajo compromiso estudiantil”. Su última investigación, plasmada en el libro El adolescente desconectado: Ayudando a los niños a aprender mejor, sentirse mejor y vivir mejor, así lo aborda.

—Su estudio analiza cómo los adolescentes van perdiendo interés en el colegio, algo que muchos adultos asumen es normal con el paso del tiempo. ¿Por qué le parece peligrosa esa idea?

“Lo primero es decir que no porque a nosotros nos haya pasado significa que les debe pasar a nuestros hijos también. Lo segundo es dejar claro que es posible tener una experiencia escolar atractiva. Muy posible. Hay lugares en donde esto está ocurriendo, incluyendo comunidades vulnerables, lo que muestra que para lograrlo no se necesita tener una gran cantidad de dinero. Lo que también se debe reconocer es que el impacto de estar poco comprometido es diferente para nuestros hijos que para alguien de mi generación, que fue al colegio hace varias décadas: hace 50 años, se necesitaban habilidades sólidas de lectoescritura y aritmética para prosperar en la vida y en el trabajo. Pero ahora, al terminar la escuela, los empleadores no solo piden esas habilidades, sino también conocimientos acabados en ciencia e historia, y se preguntan qué pueden hacer las personas con todas esas nociones. ¿Pueden resolver problemas? ¿Pueden usarlas para trabajar con otros y encontrar nuevas soluciones? ¿Logran aplicarlas para generar ideas creativas e impulsar distintas iniciativas? Esas habilidades superiores —que se han hecho conocidas como habilidades del siglo 21— no se pueden desarrollar solo dejándose llevar y desvinculándose de la escuela. El impacto de no estar comprometido es más fuerte para la generación actual, porque el mercado laboral ha cambiado”.

—Usted menciona que hay lugares donde la motivación escolar está muy presente. ¿Podría dar ejemplos?

“Hay muchos lugares. Un ejemplo es el de un distrito escolar en Dakota del Norte que tenía un gran problema de desconexión. Entonces se decidió que en básica los estudiantes podrían optar por una clase tradicional, con muchas más instrucciones del profesor, o por una ‘clase estudio’, que significaba más libertad para desarrollar sus propias estrategias de aprendizaje en relación al contenido. En este caso, el profesor decía ‘esto es lo que tienen que aprender este semestre’ y los alumnos creaban sus propias maneras de hacerlo y mostrarlo. Porque al final debían demostrar su conocimiento a un grupo de docentes. Por ejemplo, una estudiante aprendiendo sobre historia y ciencias ideó una sala de escape (juego en el que se entra a una sala ambientada con una historia o temática, y en la que se deben resolver acertijos para salir) en base al asesinato de presidentes estadounidenses. Para lograrlo, obviamente tuvo que estudiar mucho; debía conocer muy bien el contenido. Así pasó de estar súper desconectada de la clase, a estar súper entusiasmada”.

—Suena motivante, pero también muy diferente a lo que se ha hecho durante años en el aula. ¿Están los profesores dispuestos al cambio?

“En este caso había liderazgos a nivel de distrito y desde allí se trabajó de cerca con los docentes para hacerles entender que acciones como que los niños no entregaran sus tareas o no vinieran (a clases) repercutía en que ellos, los profesores, estuvieran resignados, enojados. Es cosa de hacerles entender que los niños desconectados frustran a muchos, y que es importante pensar qué se puede hacer para mejorar. En este caso, se trabajó con docentes de todo el distrito para ver qué pasos seguir, se aportaron diferentes ideas y se trabajó con universidades y organizaciones educativas locales, hasta que se llegó a esta idea. Cuando los profesores vieron lo emocionados que estaban los niños, y lo mucho que habían aprendido, estaban ellos, a su vez, felices y motivados”.

Celulares: distracción que aísla

Parte de lo que provoca una mayor desconexión escolar a medida que se va creciendo puede relacionarse con el uso cada vez mayor de herramientas tecnológicas, plantea Winthrop. Por lo mismo —continúa—, “mi firme opinión, basada en mucha evidencia, es que los estudiantes no deberían poder llevar consigo celulares que puedan sacar en cualquier momento en el colegio. Solo deberían ser accesibles cuando un profesor pueda controlarlos y usarlos para un propósito específico. Distraen demasiado. Y, por lo mismo, desde luego, no debe haber teléfonos en los recreos, que es cuando los niños debiesen estar interactuando entre sí”. Una idea es que los estudiantes los guarden en casilleros al llegar, dice. “Y luego, si tienen algo pedagógico que hacer con ellos, por ejemplo, 20 minutos relacionados con la enseñanza de inteligencia artificial, se pueden distribuir y luego volver a guardar. De lo contrario, es una distracción excesiva y muy problemática para la capacidad de socialización de los niños, para conectar y desarrollarse junto a los demás”. La especialista cree que esto es especialmente importante en la adolescencia, “cuando empiezan a preocuparse mucho más por sus compañeros, intentando descubrir cómo destacar y encajar. Si solo están con su celular, lo más probable es que permanezcan en su mundo aislado. Por eso hay enormes problemas de soledad y salud mental. No es la única razón, pero sí es un gran contribuyente”.

Nuevo estudio de Fundación Reimagina: Habilidades amplias en Chile, del discurso a la sala de clases

6 de Agosto de 2025
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El presente estudio, realizado por Fundación Reimagina, se enmarca en su participación como miembro de la red NEST impulsada por Brookings Institute. Esta red global de organizaciones tiene como objetivo impulsar cambios profundos y sostenibles en la educación, para proveer oportunidades de aprendizaje y habilidades que permitan a las generaciones futuras prosperar y alcanzar su máximo potencial. En este marco, Fundación Reimagina realizó un estudio para conocer la presencia y condiciones de desarrollo de las habilidades amplias, conocidas también como breadth of skills (amplitud de habilidades), a nivel de la política educativa declarada y en las prácticas de la escuela. El foco se puso en la visión de los actores del ecosistema educativo en sus diferentes niveles, así como también en la revisión curricular.

El estudio analizó las condiciones para la formación de habilidades amplias en el sistema educativo chileno, en un contexto de cambios globales, crisis como la pandemia, una reforma curricular en ciernes, avances tecnológicos y la reconfiguración del mercado laboral. Se evaluó la brecha entre lo declarado en la política pública y lo que realmente ocurre en las aulas, destacando la importancia de una educación integral para el siglo XXI.

Para ello nos realizamos las siguientes preguntas:

a. ¿Cómo está presente en el sistema educativo chileno el desarrollo de habilidades amplias en los estudiantes, las mismas que son necesarias para la educación del futuro?

b. ¿En qué condiciones se han desarrollado habilidades amplias?

c. ¿Cuál es la visión de los principales actores del sistema educativo con respecto a estas habilidades?

d. ¿De qué forma están presentes las habilidades amplias en el currículum educativo? ¿Qué ocurre con esta temática ante la reforma?

e. ¿Cómo se desarrollan estas habilidades en los diferentes territorios y sus escuelas?

Metodología: La investigación utilizó una metodología cualitativa en tres niveles: entrevistas a expertos y autoridades educativas, análisis de los objetivos de aprendizaje del currículum vigente y en reforma, y estudios de caso en SLEP y escuelas de 5 territorios para explorar la implementación práctica de las habilidades amplias.

Accede al estudio completo aquí y ayúdanos a reimaginar la educación chilena para las próximas generaciones.

5 años reimaginando el futuro

5 de Agosto de 2025
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Hoy celebramos un camino lleno de aprendizajes, logros y alianzas que han fortalecido nuestra convicción de que un futuro educativo más justo, inclusivo y relevante no solo es posible, sino necesario. Lo que en un comienzo parecía una visión audaz, se convirtió rápidamente en una red viva de iniciativas, plataformas y proyectos que han llegado a miles de personas.
Descarga aquí nuestra memoria: 5 años de reimaginar la educación

Más de 70 organizaciones presentan propuestas para transformar la educación en el norte de Chile

8 de Julio de 2025
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Más de 70 organizaciones del norte del país respondieron a la convocatoria del fondo Efecto Colectivo Norte, una iniciativa impulsada por Fundación Reimagina en alianza con BHP Foundation, que busca apoyar proyectos colaborativos orientados a transformar el sistema educativo desde los territorios.

En total, 28 propuestas colaborativas fueron oficialmente recibidas tras el cierre del proceso de postulación. Las iniciativas abordan algunos de los desafíos más urgentes que enfrenta la educación chilena, con un énfasis en el fortalecimiento de los aprendizajes en matemática y lenguaje, así como en el desarrollo explícito de las habilidades del siglo XXI, tales como el pensamiento crítico, la creatividad y la colaboración.

El fondo Efecto Colectivo Norte busca no solo financiar proyectos, sino también movilizar capacidades locales, tejer redes de colaboración y generar cambios sostenibles en las comunidades educativas del norte del país. La convocatoria, lanzada a comienzos de año, fue diseñada para priorizar el trabajo en red y el impacto territorial.

El proceso de evaluación de las propuestas se llevará a cabo durante el mes de julio. Entretanto, la notificación a las organizaciones preseleccionadas está programada para el 18 del mismo mes.

De cara a los desafíos que representan para la educación los acelerados avances tecnológicos, iniciativas como Efecto Colectivo Norte apuntan a construir respuestas de largo plazo y con arraigo en las comunidades locales. Cada uno de los proyectos recibidos constituye evidencia de que en el norte de Chile hay una red de actores educativos activa, comprometida y dispuesta a avanzar hacia una educación más justa y pertinente.